miércoles, 18 de febrero de 2015

FLORIDA UNIVERSIDAD

Acabo de regresar de la Universidad Pública de Florida UF, la cuarta por número de patentes en EEUU, y primera en tecnología espacial. No en vano, la NASA está a 100 km. Hemos constituido una empresa dentro de la UF, SATLANTIS, dedicada a la construcción y operación de Microsatélites, una tecnología disruptiva que producirá una mutación en el sector del espacio.

Hoy sin embargo quiero referirme a la Universidad, deseoso de aproximar nuestra realidad a lo allí vivido.

La Universidad es el motor de desarrollo en una sociedad sana. La atracción del mejor talento global, su afiliación a una institución, su inserción completa en la sociedad a la que sirve, es un primer motivo que explica el liderazgo tecnológico y cultural norteamericano durante medio siglo, desde la música a internet. Los alumnos del MIT, Stanford o Yale donan importantes sumas cuando se hacen ricos, dedican parte de su tiempo a los nuevos alumnos, y contratan con la Universidad sus retos de futuro. Por supuesto, solo me refiero a las mejores Universidades.

Sin una Universidad potente, no hay futuro. Este axioma, ampliamente compartido, contrasta con la critica generalizada que califica a la Universidad española como trasnochada y ajena a la realidad industrial y social a la que debe servir.

Sin embargo, la Universidad ha cumplido la misión que se le encomendó. El año 80 éramos 300.000 estudiantes universitarios y hoy tenemos más de 2.000.000. Las facultades han proliferado por las capitales de provincia como consecuencia de la competencia autonómica. A la Universidad se le encargó la tarea de publicar, y desde la nada del año 80 hemos alcanzado una notable novena posición mundial, con el 2,7% de la producción científica según WOK (Reuters). Además, le concedimos una total autonomía respecto a la injerencia política que ha mantenido durante 25 años.

Es hora, a mi juicio, de un encargo renovado a la Institución, que defina lo que debe ser y servir en los próximos 25 años, porque lo viejo ya no funciona. Y para ello propongo 4 ejes prácticos de transformación, evitando fangos ideológicos:

1.- La gobernanza. Me decía el hoy Conseller Andreu Mas Colell, sabio en la materia, en unos cursos de verano en 2010, que toda la transformación universitaria se iniciaría cambiando la ley, permitiendo que el Rector fuese elegido desde fuera de la Universidad. En efecto, el Rector actual votado por el personal auxiliar o los catedráticos, puede ser preso y presa de sus intereses y convertirse en su máximo representante sindical. Un rector independiente y su equipo tendrán libertad para desarrollar sus planes de modernización y rendir cuentas de los mismos. Y con ellos, el resto de estamentos. Dejo para otro debate la composición de ese Consejo Social, con referencias sajonas para aproximarlo.


2.- La movilidad. En los 80’s el estamento universitario poseía empuje y movilidad a medida que los “PNN” primero y doctorandos después fueron desarrollando sus carreras. 25 años después, aquella Universidad joven está envejecida, con una fractura entre los “sin plaza” y los funcionarios, y con una movilidad cero. Para generar esta movilidad bottom-up, un doctorando no debería poder obtener plaza en su misma universidad, exigiéndole un CV internacional. Por arriba, debería desterrarse el concepto de “propiedad” de una plaza. Un profesional es titular de una “categoría o nivel”, pero su plaza concreta aparecerá o desaparecerá en función de la evolución universitaria en el tiempo de materias y competencias, con una permanencia máxima. Y en ciencia y tecnología, éstas deben evolucionar muy rápidamente, generándose flujos de una facultades a otras y entre empresa y universidad.

3.- La apertura en las facultades. Una plena aplicación de Bolonia con el mismo “ancho de vía” que el resto de Europa, con 3 años para los grados y 2 mas para los másteres, complementada con formación más interdisciplinar en base a créditos intradepartamentales, permitirá a un arquitecto saber más de cine o a un ingeniero saber mas de biología, con aulas llenas de “knowledge inmigrants”. La Sociedad no necesita perfiles maquetados, sino personas con inquietudes materializadas en competencias y conocimientos, de acuerdo a unos estándares de excelencia.

4.- La sostenibilidad económica basada en la demanda. Cada facultad deberá ser responsable de atraer a sus estudiantes, y los presupuestos públicos para la actividad deberían “viajar” con el alumno. Cada Universidad o Facultad se redimensionará en función de esa demanda, cerrando o ampliando competencias, adaptándose, apostando por nuevas áreas y midiendo responsablemente sus apuestas. Para ello la institución deberá contar con las herramientas de gestión que le permitan afrontar estos escenarios de ampliación o reducción. El acceso universal se garantizará en base al coste real (actualmente unos 13.000 €) y desaparecerá ante un resultado insuficiente.

Convendrán conmigo que casi ninguno de los objetivos anteriores (cada uno requeriría su articulo) es realizable sin pensar en inglés y en una gran región.

El Presidente de la UF, nombrado por un Consejo externo, ha liberado por 2 años al Director del Departamento de Astrofísica, uno de sus mejores científicos con posibilidades al Nobel, para que desarrolle su proyecto empresarial SATLANTIS. Le ha dotado de 0.5MUSD para desarrollo tecnológico, y firmado un acuerdo de licencia. La UF posee 40.000 alumnos, similar a la EHU-UPV, pero con un presupuesto 3 veces mayor (1300 MUSD). Un tercio proviene de los fondos estatales, similar a la dotación del gobierno vasco, otro tercio de programas competitivos de empresas y gobierno (NASA, NSF, IBM etc.) y otro del ENDOWMENT, los rendimientos del patrimonio donado por sus exalumnos.

Me gustaría trabajar por conseguir una florida Universidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario